Por: Fernando Quintero/ f_e_r_n_a_n_d_o_23@hotmail.com
Puedo recordar, vívidamente, las ocasiones en las que más he reído. Una, fue viendo como un compañero de clase hacía el ridículo en un espectáculo de hipnotismo. Otras más, la primera vez que vi Borat o a Abigail Breslin, con todo y mini-shorts, bailando “Super Freak” en Little Miss Sunshine. El más reciente en la lista de los momentos más graciosos de mi vida fue el momento en que, aprovechando el tiempo libre en el trabajo, me senté con una amiga a ver Zombieland.
En esta cinta del 2009, el mundo y especialmente los Estados Unidos, han sido devastados por una extraña epidemia que convierte a las personas en seres babeantes, caníbales, ni vivos ni muertos; todo gracias a una hamburguesa infectada. Entre los sobrevivientes se encuentra Columbus (Jesse Eisenberg) quien, gracias a un estricto sistema de reglas de supervivencia, ha podido seguir con vida ante un denso clima de destrucción.
Columbus, un geek solitario que bien podría ser hermano del actor canadiense Michael Cera (Juno), no tiene una conexión verdadera con nadie: no tiene amigos, ni mantiene una relación estrecha con su familia. Después de un largo período de soledad, encuentra a Tallahassee (Woody Harrelson), un vaquero moderno con una severa adicción a los Twinkies, el cual se divierte (tal vez de más) matando zombies en las maneras más creativas. El 2009 marcó el “regreso” de Harrelson, con gran presencia en la pantalla grande. Tuvo éxito taquillero con la historia apocalíptica 2012, impresionó al público y la crítica con Zombieland y recibió su segunda nominación al Oscar con The Messenger.
La rebeldía y actitud libre de Tallahassee esconden un sentimiento más profundo, ya que el personaje se encuentra realmente afectado por la muerte de su hijo a manos (o en boca) de las criaturas que dan nombre al filme. Posteriormente, en su camino se cruzan un par de hermanas: Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin), dos de los mejores personajes que el cine de 2009 nos ofreció.
Tras la “zombificación” del país, las astutas hermanas se convirtieron en expertas estafadoras, engañando a Columbus y Tallahassee y despojándolos de su medio de transporte. Su objetivo común de llegar a un parque californiano de diversiones, libre de zombies, los volvió a unir. Bill Murray hace su aparición en uno de los cameos más populares de los últimos tiempos, un momento verdaderamente especial y, podría decirse, ya un clásico.
El título de la reseña tendrá sentido una vez que ya haya visto la cinta, en una escena que probablemente pase desapercibida para las mentes estadounidenses, pero con un especial significado para las mexicanas. Las risas que provoca, no sólo esta secuencia, sino toda Zombieland son de aquellas enormes, exhaustivas y hasta dolorosas, sin descartar la posible precipitación de una o dos lágrimas.
Los submarinos
jueves, junio 03, 2010Publicado por Fernando Rafael Quintero en 9:09 a. m.
Etiquetas: cine, crítica, reseña, Tijuana, zoombieland
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